El 16 de julio de 1792, el gobernador Ambrosio O’Higgins firmó el acta que dio origen a la Villa San José de Maipo. La fundación San José de Maipo no fue un acto espontáneo: respondía a una necesidad fiscal y administrativa urgente. Los mineros y arrieros atraídos por el descubrimiento de plata en San Pedro Nolasco vivían dispersos por el sector sin tributar a la Corona. Fundar una villa era la manera de concentrarlos, controlarlos y recaudar los impuestos que la explotación minera generaba sin llegar a las arcas reales.
La lógica colonial detrás de la fundación
La política de fundación de villas en el siglo XVIII respondía a instrucciones precisas de la Junta de Poblaciones de la Corona española, organismo creado para planificar y controlar el crecimiento urbano en América. La Junta instruía la forma de fundar, pero exigía adaptación a las condiciones locales. En el caso de San José de Maipo, esa adaptación fue topográfica: el trazado en damero, el modelo clásico de la urbanización colonial, debió ajustarse a las terrazas escalonadas formadas por la erosión del río Maipo en su lado derecho.
El resultado fue un pueblo de forma alargada de norte a sur: tres manzanas de ancho y nueve de largo, con 27 manzanas de 84 metros por lado cortadas por nueve calles de sur a norte y cuatro de este a oeste. La Plaza de Armas quedó al centro. En 1793 se asignaron los primeros 104 solares.
Los primeros solares y los primeros edificios
Los dos primeros solares asignados fueron entregados al Padre José Santos Arambulo, para erigir la iglesia y la casa parroquial frente a la Plaza de Armas. Esa decisión fijó el centro simbólico del pueblo: la iglesia como eje de la vida colonial. La construcción del templo se extendió entre 1798 y 1800 bajo la supervisión del Padre Rafael Eyzaguirre, quien además ordenó la edificación de una Escuela Parroquial, un hospital y un cementerio.
La villa recibió el nombre de San José en honor al patrono de la fe católica. O’Higgins, gobernador del Reino de Chile y futuro Virrey del Perú, actuaba por mandato del rey Carlos IV de España. La fundación fue, en ese sentido, el eslabón final de una cadena que comenzó en los socavones de San Pedro Nolasco y terminó en la mesa de un funcionario colonial en Santiago.
Una villa minera, no agrícola
El Cajón del Maipo colonial tenía dos actividades principales: la minería y la crianza de animales. Ambas estaban profundamente ligadas: las faenas mineras requerían gran cantidad de animales para el cateo de nuevas minas y la extracción de mineral. Los pasos cordilleranos del Cajón, el Paso Maipo, el Paso Piuquenes y el Paso Las Pircas, databan de épocas precolombinas y seguían siendo la ruta del comercio ganadero con la Provincia de Cuyo, al otro lado de los Andes.
La mano de obra minera colonial se organizaba bajo regímenes de trabajo precario. Los Huarpes, pueblo traído desde el actual territorio de Mendoza por los españoles, fueron utilizados como trabajo forzado en las faenas de San Pedro Nolasco. Esa estructura de explotación fue la base económica sobre la que se levantó la villa.
Lo que quedó
Un siglo después de la fundación, el Diccionario Geográfico de 1899 de Francisco Solano Asta-Buruaga describía San José de Maipo como:
“Villa del departamento de la Victoria con iglesia parroquial, escuelas gratuitas, oficinas de correo y de registro civil y caserío de 737 habitantes. Está asentada a 1.010 metros del nivel del Pacífico, sobre una planicie de la ribera derecha del Maipo.”
El trazado original de 1792 es aún reconocible en el centro histórico de San José de Maipo. En 2010, mediante el Decreto N° 266, el centro histórico fue declarado Zona Típica, distinción que reconoce la continuidad del damero colonial y la arquitectura de adobe como patrimonio vigente. Es la única Zona Típica de la Provincia Cordillera.