Los glaciares Cajón del Maipo son la reserva de agua que sostiene a Santiago en verano. En un año muy seco, su derretimiento puede representar hasta el 81% del caudal total del río Maipo en su tramo cordillerano. La cuenca alberga 979 glaciares independientes que cubren 387,4 kilómetros cuadrados, distribuidos entre los 2.640 y los 5.650 metros de altitud. En los últimos 30 años esa superficie ha retrocedido 127,9 kilómetros cuadrados, un 25,2% del total inicial.
Una reserva invisible
El territorio que rodea a San José de Maipo concentra tres subcuencas con presencia glaciar relevante: el río Olivares, el río Volcán y el río Yeso. La subcuenca del Olivares es la de mayor extensión glaciar y la de mayor aporte por derretimiento en épocas estivales, con hasta un 30% del caudal del propio río. Las subcuencas del Volcán y el Maipo presentan una extensión de glaciares descubiertos similar entre sí, de 29,8 y 24,6 kilómetros cuadrados respectivamente.
Los glaciares operan como una esponja de altitud: acumulan nieve en invierno y la liberan lentamente durante el verano, cuando las lluvias escasean y la demanda urbana alcanza su punto más alto. En un año de precipitaciones normales aportan el 22,9% del caudal anual total de la parte cordillerana de la cuenca. En un año muy seco ese porcentaje puede llegar al 81%. Cuanto menos llueve, más depende Santiago de sus glaciares.
Tres tipos de hielo
La cuenca del Maipo alberga tres tipos de masas glaciares. Los glaciares descubiertos son masas de hielo compacto expuestas directamente a la atmósfera, que retroceden más rápido porque el calor actúa sobre su superficie sin protección. Los glaciares cubiertos están protegidos por una capa de detritos rocosos que actúa como aislante térmico y retarda su fusión. Los glaciares de roca son sistemas mixtos de hielo y bloques angulares con un núcleo congelado; aunque contienen menos hielo que los descubiertos, su mayor distribución superficial los convierte en reservas hídricas fundamentales en el centro y norte del país.
El Glaciar Echaurren, a 3.750 metros de altitud en la cuenca alta del Maipo, es el más monitoreado de la zona. Su balance de masa ha sido negativo de forma ininterrumpida desde 1989, funcionando como termómetro del comportamiento del conjunto glaciar de la cuenca. La Laguna Negra, formada por la acumulación de depósitos morrénicos del propio Glaciar Echaurren Norte, es hoy la reserva de agua más grande de la Región Metropolitana con 600 millones de metros cúbicos, visitada en 2011 por un equipo de la NASA que estudiaba cómo el derretimiento glaciar afecta los ecosistemas de lagunas de alta montaña.
El retroceso y sus consecuencias
Tal como una especie que se extingue para siempre, el derretimiento de un glaciar es irreversible en esta era geológica.
Esa es la conclusión del informe Usos y Abusos de la Fundación Newenko sobre la cuenca del Maipo. Los glaciares descubiertos retroceden a 3,51 kilómetros cuadrados por año; los cubiertos, a 0,75. Si esa tendencia se mantiene, los glaciares descubiertos de la cuenca podrían desaparecer en 70 años.
Las consecuencias son dobles y aparentemente contradictorias. A corto plazo, el derretimiento acelerado aumenta temporalmente los caudales estivales, elevando el riesgo de aluviones. A largo plazo, la pérdida de masa glaciar reduce de manera irreversible la reserva hídrica disponible para los meses secos. El Cajón del Maipo no es solo el territorio donde viven algunos miles de personas: es el lugar donde se almacena parte del agua de millones.
Las proyecciones climáticas señalan un aumento sostenido de la temperatura y un descenso de las precipitaciones durante todo el presente siglo. Para el Cajón del Maipo, eso significa que el agua que hoy corre por sus ríos en verano depende cada vez más de un capital acumulado durante siglos que no se repone al mismo ritmo en que se consume.