Patrimonio

Vivir a 2.480 metros: el Campamento El Yeso

◷ 3 min ·
Octubre 2026

 · Tomás Vergara

Vivir a 2.480 metros: el Campamento El Yeso
Fotografía: Tomás Vergara

Vivir a 2.480 metros en la década de 1950 no era una elección turística ni una estadía breve. Para levantar el Embalse El Yeso fue necesario instalar un campamento permanente en plena alta cordillera, donde el clima, la distancia y la falta de caminos formales hacían inviable trasladar a los trabajadores cada día. Las construcciones conocidas como el Campamento El Yeso fueron parte de esa respuesta: una infraestructura de habitación, trabajo y apoyo que permitió sostener una obra hidráulica decisiva para Santiago.

Vivir a 2.480 metros para construir un embalse

El Campamento El Yeso se implementó al inicio de las obras del embalse, entre 1953 y 1954 según las fuentes consultadas. Se ubicó a unos dos kilómetros de la obra y a cerca de 2.480 metros sobre el nivel del mar. Su función principal fue alojar a obreros y profesionales que debían permanecer en el sector mientras avanzaban las faenas. Había que crear condiciones mínimas para habitar una planicie cordillerana durante periodos prolongados.

Los antecedentes del Ministerio de Obras Públicas, recogidos por investigaciones posteriores, describen dificultades que explican esa decisión. El lugar carecía de caminos formales, el acceso se complejizaba con la nieve y las temperaturas podían variar ampliamente. Una fuente académica señala rangos entre 5 °C y -30 °C, además de acumulaciones de nieve de hasta 1,5 metros en invierno. La obra duró hasta 1967, pero el tiempo efectivo de trabajo se reducía por las condiciones geológicas y climáticas: las faenas podían desarrollarse cerca de seis meses al año.

Un campamento organizado para trabajadores y profesionales

El conjunto no era homogéneo. Los planos y levantamientos estudiados por Giselle Cifuentes y por investigadoras del Magíster en Intervención del Patrimonio Arquitectónico de la Universidad de Chile distinguen pabellones para obreros solteros y casados, construidos como refugios de alta montaña en hormigón armado y cubiertos con asfalto. Junto a ellos existían construcciones de albañilería de ladrillo destinadas a ingenieros y altos mandos.

Esta diferencia permite leer el campamento como una organización laboral: dormitorios, recintos de administración y zonas de apoyo formaban un sistema capaz de recibir personas con funciones distintas. Las 19 edificaciones identificadas —15 de ellas bóvedas parabólicas— dan cuenta de una ocupación planificada. Cada refugio respondía a una necesidad concreta de una faena que requería continuidad, protección y coordinación en un entorno aislado.

Caminos, transporte y colaboración militar

El campamento tampoco podía funcionar separado de la ruta. Para transportar trabajadores y materiales fue fundamental la participación de militares, ingenieros de montaña y ferrocarrileros del Regimiento N.º 2 de Puente Alto, quienes colaboraron en la construcción y habilitación de caminos hacia el sector. La relación entre infraestructura vial y obra hidráulica fue decisiva: sin una ruta de abastecimiento, el alojamiento por sí solo no resolvía el problema de trabajar en altura.

La presencia militar tuvo además un uso regular durante la etapa constructiva. Las fuentes indican que el recinto fue compartido alternadamente por la empresa constructora y las unidades militares. Cuando las faenas se suspendían durante el invierno, el campamento funcionaba como cuartel de invierno de la Compañía Andina. Años más tarde, según una entrevista a un suboficial en retiro citada en la investigación de Gallardo y Torres, el lugar cumplió un papel estratégico durante la tensión fronteriza entre Chile y Argentina en 1978. Ese antecedente es un testimonio, no una conclusión documental definitiva.

De faena temporal a memoria territorial

Al terminar el embalse y mejorar los sistemas de transporte, el uso residencial permanente perdió sentido. La Dirección de Riego se concentró en la operación de las compuertas y el conjunto comenzó a desocuparse de manera gradual. El cambio revela una paradoja frecuente en los territorios de infraestructura: aquello que resulta indispensable durante una gran obra puede quedar sin función clara una vez que la obra entra en operación.

Hoy, las formas de Las Cáscaras conservan la memoria de esa logística. Hablan de una época en que levantar una reserva de agua para Santiago implicaba abrir caminos, organizar turnos de permanencia y construir refugios capaces de enfrentar la nieve. Para conocer la tecnología de sus bóvedas parabólicas y su adaptación al clima, revisa Las Cáscaras del Yeso: la arquitectura de montaña que resistió nieve y viento.


Fuentes: Gallardo Frías, Laura y Torres Gilles, Claudia (2018), “Del ruido al silencio en las ruinas arquitectónicas de los Andes: Ex-campamento obrero-militar el Yeso”; Cruz, Natalia y Morales, Tania (2019), “Cáscaras del Yeso: la memoria del paisaje construido en el Cajón del Maipo”; Cruz, Natalia (2019), Estructura y patologías Cáscaras del Yeso, MIPA Universidad de Chile; Cifuentes, Giselle (2015), Vestigios Arquitectónicos, ex Campamento El Yeso, Cajón del Maipo, FAU Universidad de Chile; Dirección de Riego, Ministerio de Obras Públicas (1967), Embalse del Río Yeso 1953-1967.

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