Las Cáscaras del Yeso son mucho más que una imagen reconocible en el camino al Embalse El Yeso. Este conjunto de refugios de hormigón armado fue concebido para resolver un problema concreto: alojar y proteger a quienes trabajaban en una obra hidráulica de alta cordillera, expuesta al frío, la nieve, el viento y el aislamiento. Su forma parabólica no fue un gesto decorativo. Fue una respuesta técnica a un territorio exigente y hoy constituye una de las huellas arquitectónicas más singulares del Cajón del Maipo.
Las Cáscaras del Yeso y el desafío de construir en altura
El conjunto se levantó en la década de 1950, en el contexto de la construcción del Embalse El Yeso. A cerca de 2.480 metros sobre el nivel del mar, no era posible trasladar cada día a todos los trabajadores desde los poblados del Cajón. El campamento debía ofrecer permanencia y resguardo en un sitio donde la nieve, las bajas temperaturas y los problemas de acceso condicionaban el trabajo durante buena parte del año.
Los estudios arquitectónicos identifican 19 construcciones: 15 corresponden a bóvedas de sección parabólica y las restantes son edificios ortogonales. La agrupación no es aleatoria. Sus volúmenes, distancias y orientaciones dan cuenta de un asentamiento organizado para distintos usos, con refugios destinados principalmente a dormitorios y otras dependencias asociadas a la administración de la obra. La arquitectura permitía que una faena extensa pudiera sostenerse en un territorio que no admitía soluciones improvisadas.
Por qué las bóvedas tienen forma parabólica
La geometría de las Cáscaras concentra gran parte de su valor. Una bóveda parabólica distribuye las cargas hacia sus fundaciones de manera eficiente y evita las superficies planas donde podría acumularse nieve. En el Valle del Yeso, donde el invierno puede prolongar la presencia de hielo y humedad, esa condición reducía el riesgo de filtraciones y aliviaba las exigencias sobre la estructura.
La forma también dialogaba con el viento. Según los análisis de Natalia Cruz y Tania Morales, las edificaciones fueron ubicadas para recibir el viento que baja por el valle en su cara curva, disminuyendo el roce directo sobre la superficie. Su disposición buscaba además aprovechar el asoleamiento para favorecer el derretimiento de nieve acumulada en las cubiertas. Son interpretaciones arquitectónicas basadas en el reconocimiento del conjunto y su emplazamiento: permiten entender que diseño, clima y orientación trabajaban como un mismo sistema.
Hormigón armado para un refugio moderno
En los alrededores del Cajón del Maipo, los refugios de montaña tradicionalmente utilizaban piedra, madera o cubiertas a dos aguas. Las Cáscaras propusieron otra solución: hormigón armado ejecutado en obra, con bóvedas de aproximadamente 15 centímetros de espesor y una capa asfáltica protectora durante su periodo de uso. Esa elección conectaba el campamento con tecnologías modernas de mediados del siglo XX y con la escala de la obra hidráulica que le dio origen.
La repetición de un mismo principio estructural no produjo edificios idénticos. Los estudios reconocen variaciones de longitud, altura, vanos y distribución interior. Algunas bóvedas contaban con salida única y se agrupaban en torno a un espacio más contenido; otras tenían dos salidas y se abrían hacia el exterior. Esa diversidad muestra que no se trataba de una serie de objetos aislados, sino de un conjunto funcional adaptado a necesidades diferenciadas de alojamiento y operación.
Una lección de paisaje e infraestructura
La resistencia de las bóvedas no significa que su conservación sea automática. El hormigón, las capas protectoras, los cerramientos y las instalaciones requieren mantenimiento, especialmente bajo radiación, ciclos de congelamiento, humedad y viento. Los estudios técnicos de 2019 registraron deterioros y plantearon la necesidad de intervenir con criterios que respetaran la morfología estructural, en lugar de tratar las construcciones como simples contenedores reemplazables.
Mirar Las Cáscaras del Yeso desde su arquitectura permite reconocer una historia de trabajo y adaptación material. El conjunto no explica por sí solo todo el pasado del campamento, pero ayuda a leer por qué se construyó de esa manera y por qué su presencia continúa marcando el paisaje del valle. Para conocer la cronología general del antiguo recinto, revisa la historia del Campamento El Yeso y Los Refugios.