En el sector del río Olivares, tributario del Maipo dentro de la comuna de San José de Maipo, las paredes rocosas conservan pinturas rupestres atribuidas a los Chiquillanes, el pueblo nómada que recorrió esta cordillera durante siglos. No construyeron aldeas permanentes ni dejaron cerámica identificable como propia: su registro material son puntas de proyectil, raspadores, morteros en roca y esas marcas en la piedra. Son el rastro más antiguo de presencia humana continua en el Cajón del Maipo antes de la llegada española.
Quiénes eran los Chiquillanes
Los Chiquillanes, también denominados Chiquiyanes, eran cazadores y recolectores que habitaban la zona cordillerana de Chile central, entre Los Andes y Chillán, con presencia extendida en la actual provincia argentina de Mendoza. Su dieta dependía principalmente del guanaco: cazaban las manadas que pastaban en las veranadas de altura y aprovechaban su piel para construir toldos y fabricar vestuario. Su modo de vida era trashumante: se desplazaban por la cordillera siguiendo los ciclos estacionales, bajando al valle en invierno y remontando hacia las cumbres en primavera y verano.
Tenían vínculos estrechos con los Pehuenches y son considerados antecesores de los Puelches. Su presencia está documentada en el sector de San Gabriel y en el río Olivares, donde dejaron pinturas rupestres y una toponimia parcialmente preservada. Con excepción del nombre “Maipo”, toda la toponimia actual del Cajón está en español, lo que refleja la intensidad con que la colonización española borró las marcas del territorio indígena.
Las piedras tacitas y el registro material
Entre los vestigios que dejaron los Chiquillanes en el Cajón se cuentan las llamadas piedras tacitas: morteros naturales o trabajados en bloques de roca utilizados para moler semillas, pigmentos y otros materiales. Estos elementos están presentes en el territorio comunal y forman parte del inventario patrimonial de la Municipalidad de San José de Maipo. El registro arqueológico de la cordillera andina de Chile central documenta además puntas de proyectil y raspadores líticos en aleros de la zona, evidencia de la actividad de grupos cazadores que usaron estas cavidades como refugios estacionales.
Los cazadores recolectores tardíos de la cuenca del Maipo no adoptaron el modo de vida hortícola que caracterizó a los grupos Aconcagua en el valle. Siguieron ocupando las tierras montañosas y mantuvieron intercambios con esas comunidades sedentarias, proveyéndoles obsidiana y rocas silíceas para la elaboración de puntas de flecha a cambio de productos agrícolas.
La llegada española y el fin del registro
“A la llegada de los españoles, los indígenas de esta zona no fueron encomendados como los Picunches de Pirque. Es probable que hayan abandonado sus caseríos y retomado la vida de sus ancestros Chiquillanes como cazadores de alta cordillera, pasando desapercibidos a la conquista española en el valle.”
Esa condición de invisibilidad ante el sistema colonial explica en parte la escasez de fuentes escritas sobre los Chiquillanes del Cajón. No fueron reducidos en encomiendas, no aparecen en los registros de tributación y no dejaron asentamientos permanentes que los cronistas coloniales pudieran describir. La montaña los protegió y al mismo tiempo los borró de la historia oficial.
Lo que permanece
Las pinturas rupestres del río Olivares, las piedras tacitas y los vestigios líticos dispersos en el territorio son hoy los únicos testimonios materiales de este pueblo. La fuente académica más completa sobre los Chiquillanes del Cajón del Maipo sigue siendo una tesis de grado de 1977 que no ha sido reeditada ni digitalizada, lo que convierte su historia en uno de los capítulos menos estudiados de la prehistoria de la Región Metropolitana.
La inscripción de esos vestigios en el inventario patrimonial municipal es un primer paso de reconocimiento, pero no sustituye la investigación arqueológica sistemática. El Cajón del Maipo tiene doce milenios de presencia humana documentada en sus aleros y terrazas fluviales; la historia de los Chiquillanes, el pueblo que vivió en ese territorio hasta la colonia, sigue siendo la menos conocida de todas.